Diagnóstico y mapeo de oportunidades
Identificamos qué procesos se beneficiarían más de un agente, mapeamos las funciones que se expondrán como servicios REST y definimos los roles y tokens.
Esto no es "ponerle un chatbot a un CRM". Es diseñar el software desde cero para que un agente lo opere: APIs con contratos claros, permisos granulares, auditoría, herramientas bien descritas y una interfaz conversacional que sí entiende tu dominio. El usuario habla, el agente actúa, la empresa conserva trazabilidad completa.
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Los agentes de inteligencia artificial son el siguiente salto operativo del software empresarial. A diferencia de un chatbot — que solo conversa — un agente puede ejecutar acciones reales en sus sistemas: registrar un cliente, agendar una llamada, actualizar un inventario, enviar una cotización. Para que esto funcione sin riesgo, el software debe construirse desde el inicio pensando en él como operador, no parchearlo después con un "asistente" pegado encima.
Lo conseguimos con tres piezas técnicas que aterrizamos en lenguaje claro: entry points (las puertas por donde el agente entra al sistema, definidas y documentadas), servicios REST (cada función disponible expuesta de forma estandarizada, como una API que cualquier desarrollador entendería), y tokens con permisos específicos (credenciales que limitan exactamente qué puede hacer el agente y con qué datos). Si intenta una acción fuera de su autorización, el sistema lo detiene antes de que ejecute. Sin sorpresas, sin nada roto.
Aplica a cualquier sistema de dominio donde la operación pueda automatizarse parcialmente: un CRM donde el comercial dicta y el agente registra al contacto, programa la llamada y dispara la cotización; un ERP donde el agente consulta inventarios y prepara órdenes; un punto de venta para una pyme donde el agente lista las compras del día, mantiene el stock al día sin captura manual y conversa por WhatsApp con el personal para dar seguimiento. La carga operativa baja porque las hojas de cálculo dejan de ser el sistema, y el agente queda metido donde la gente ya conversa.
Cada acción del agente queda registrada de forma inalterable: qué hizo, cuándo, con qué token, y bajo qué permiso. Las acciones sensibles — eliminar registros, mover dinero, enviar comunicaciones masivas — requieren confirmación humana obligatoria. Esto da auditabilidad completa para compliance, y tranquilidad operativa: el agente acelera el día a día sin convertirse en un riesgo de gobernanza.
Identificamos qué procesos se beneficiarían más de un agente, mapeamos las funciones que se expondrán como servicios REST y definimos los roles y tokens.
Antes de tocar producción definimos qué puede hacer cada token, qué requiere confirmación humana y cómo se audita cada acción.
Construimos el sistema operable por agente y lo probamos con un caso real acotado. Validamos comportamiento y trazabilidad antes de ampliar alcance.
El agente entra a operar con monitoreo continuo. Vamos abriendo nuevos permisos y casos según los datos muestren que funciona bien.
El comercial dicta: "Registra a Juan Pérez, empresa Aceros del Bajío, le interesa cotización de láminas, recuérdamelo el viernes". El agente registra al cliente, crea la oportunidad y agenda el follow-up. Todo queda auditado.
Pides al agente: "Dame los prospectos sin contactar esta semana y manda un recordatorio al responsable". El agente consulta la base, filtra y dispara notificaciones.
Un operador hace por voz o texto tareas que antes tomaban cinco pestañas abiertas: alta de cliente, factura, alta de ticket, consulta de inventario.
El stack no es un dogma — elegimos cada pieza según el problema. Más de una década operando sistemas en producción nos dejó claro qué sobrevive y qué no.
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iOS, Android y PWAs que no se sienten como apps genéricas. Con sensación de oficio en cada pantalla.
UX, UI y UX Writing aplicados al producto digital. Diseño que se construye junto con desarrollo, no en isla.
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